
No será lo mismo.
Con el psicoanalista acartonado, supuestamente docto, con pretensiones de impostada superioridad, o con aquél que se tome muy livianamente lo que a usted le pasa, usted sentirá un obstáculo. Si ese psicoanalista, además, lo escucha a usted ideológicamente, entonces, no lo escuchará. Sólo lo prejuzgará. Usted en consecuencia, perderá su espontaneidad. Se inhibirá. Ud. desconfiará de ese analista, dejará de hablar y naturalmente, llegará a un esperable desenlace. De allí, usted se irá. Buscará a otro psicoanalista más experimentado, más auténtico y menos controlado en su decir. Este otro psicoanalista, lo ayudará a usted, a ver las cosas de un modo más claro y accesible. En consecuencia, Usted se acercará y le brindará su confianza. De este modo, Usted logrará la fortaleza y los cambios que busca.
Usted encontrará en este otro psicoanalista, a un aliado confiable y permanente. Éste, lo escuchará a Usted con interés. No lo examinará. Analizará y traducirá aquello que es decisivo para Usted. Gradualmente, este otro analista, será la ayuda indispensable. Se convertirá en su soporte y sostén.
RECUERDE
Si usted se encuentra en el caso de tener que traducir a su psicoanalista porque éste no es apto, simula inteligencia o superioridad, su psicoanálisis no funciona.
En todos los casos, es el psicoanalista quien debe interpretar y traducir al paciente. Nunca al revés.